
SAN PABLO -- Cada tanto, la Fórmula Uno parece proponerse desmentir el mote de aburrida que se ha ganado en años de dominio abrumador de Ferrari durante el reino de Michael Schumacher, y en buena parte por la monumental escalada tecnológica que la mantiene en un nivel tan elevado que el simple hincha o mero espectador no puede apreciar. La definición del 59º Campeonato Mundial generó tanta tensión que el título estuvo a la deriva durante una hora y media hasta que encontró dueño definitivo en el kilómetro final de los 5.500 recorridos en 18 carreras este año.
Lewis Hamilton fue el piloto que más méritos hizo para ganar la corona esta temporada, pero el que menos los sacó a relucir en la competencia final. Su estrategia y la de McLaren, demasiado conservadoras, lo mantuvieron siempre con poco margen para el error en una pista que cambió cinco minutos antes de la partida por un aguacero que se había anunciado desde varios días antes.
El descenso de la temperatura lejos estuvo de perjudicar a Ferrari, como se suponía de antemano. Fue McLaren, y especialmente Hamilton, quienes lucieron opacos en una condición en la que habían sabido brillar. Si no, basta recordar lo hecho en Silverstone y Spa-Francorchamps. Hamilton nunca estuvo en posición de pelear por el podio y Massa, en cambio, hizo todo cuanto apareció a su alcance para terminar el año como el piloto más ganador de un ejercicio que contó con siete vencedores distintos de cinco marcas diferentes. El sexto triunfo de 2008 -undécimo de su campaña- no fue suficiente para consumar el milagro de ganar el título en casa.
La presión se le notó más al candidato. Al cabo, con siete puntos de ventaja con diez en juego, Hamilton sólo podía perder en Brasil, como un año atrás, en aquella definición histórica hoy empequeñecida por la resolución de 2008. Y casi lo hizo. La lluvia antes del arranque le quitó la supuesta ventaja que significaba largar más pesado que las Ferrari. Tuvo que entrar a boxes como la mayoría, cuando la pista se secó. Haber vuelto detrás de Giancarlo Fisichella, que había parado durante la única neutralización por el despiste de David Coulthard en el inicio, en la Ese de Senna, no ayudó a Hamilton. El inglés demoró seis vueltas en quitarse de encima al Force India del italiano.
El cuarto lugar en el tramo medio fue un sitio que Hamilton controló pero apurado por Glock primero y por Vettel después. Sin embargo, un puesto atrás también lo coronaba. Cuando los nubarrones se volvieron más amenazantes y empezó a garuar a media docena de giros del final, siguió el plan de sus rivales y entró por gomas intermedias. Aunque se mantuvo delante de Vettel, ya no era tan rápido como el triunfador más joven de la historia. Además, Glock había decidido permanecer con lisas sobre piso cada vez más mojado y estaba cuarto. Hamilton pareció distraído cuando Vettel lo pasó. Quizá lo haya despertado el rugido de la multitud que al instante entendió que Massa era campeón. Sólo faltaban dos vueltas.
Los dos giros finales más emotivos de la historia moderna se consumieron con extrema tensión. Glock, cada vez con menos agarre sobre el agua, empezó a tener cerca a Vettel y Hamilton. Al acelerar en segunda marcha, a 120 km/h, en la salida de Junçao, el Toyota no pudo trepar igual que el Toro Rosso y el McLaren, que lo pasaron mientras Massa cruzaba la meta ganador y creyéndose campeón. Ese giro final de Glock fue 18s7 más lento que el de Hamilton. Esas vueltas fueron también una desmentida. Del autódromo José Carlos Pace la mayoría se fue decepcionada, dolida, apenada, desilusionada y, unos pocos, felices. Aburrido, ninguno.
Lewis Hamilton fue el piloto que más méritos hizo para ganar la corona esta temporada, pero el que menos los sacó a relucir en la competencia final. Su estrategia y la de McLaren, demasiado conservadoras, lo mantuvieron siempre con poco margen para el error en una pista que cambió cinco minutos antes de la partida por un aguacero que se había anunciado desde varios días antes.
El descenso de la temperatura lejos estuvo de perjudicar a Ferrari, como se suponía de antemano. Fue McLaren, y especialmente Hamilton, quienes lucieron opacos en una condición en la que habían sabido brillar. Si no, basta recordar lo hecho en Silverstone y Spa-Francorchamps. Hamilton nunca estuvo en posición de pelear por el podio y Massa, en cambio, hizo todo cuanto apareció a su alcance para terminar el año como el piloto más ganador de un ejercicio que contó con siete vencedores distintos de cinco marcas diferentes. El sexto triunfo de 2008 -undécimo de su campaña- no fue suficiente para consumar el milagro de ganar el título en casa.
La presión se le notó más al candidato. Al cabo, con siete puntos de ventaja con diez en juego, Hamilton sólo podía perder en Brasil, como un año atrás, en aquella definición histórica hoy empequeñecida por la resolución de 2008. Y casi lo hizo. La lluvia antes del arranque le quitó la supuesta ventaja que significaba largar más pesado que las Ferrari. Tuvo que entrar a boxes como la mayoría, cuando la pista se secó. Haber vuelto detrás de Giancarlo Fisichella, que había parado durante la única neutralización por el despiste de David Coulthard en el inicio, en la Ese de Senna, no ayudó a Hamilton. El inglés demoró seis vueltas en quitarse de encima al Force India del italiano.
El cuarto lugar en el tramo medio fue un sitio que Hamilton controló pero apurado por Glock primero y por Vettel después. Sin embargo, un puesto atrás también lo coronaba. Cuando los nubarrones se volvieron más amenazantes y empezó a garuar a media docena de giros del final, siguió el plan de sus rivales y entró por gomas intermedias. Aunque se mantuvo delante de Vettel, ya no era tan rápido como el triunfador más joven de la historia. Además, Glock había decidido permanecer con lisas sobre piso cada vez más mojado y estaba cuarto. Hamilton pareció distraído cuando Vettel lo pasó. Quizá lo haya despertado el rugido de la multitud que al instante entendió que Massa era campeón. Sólo faltaban dos vueltas.
Los dos giros finales más emotivos de la historia moderna se consumieron con extrema tensión. Glock, cada vez con menos agarre sobre el agua, empezó a tener cerca a Vettel y Hamilton. Al acelerar en segunda marcha, a 120 km/h, en la salida de Junçao, el Toyota no pudo trepar igual que el Toro Rosso y el McLaren, que lo pasaron mientras Massa cruzaba la meta ganador y creyéndose campeón. Ese giro final de Glock fue 18s7 más lento que el de Hamilton. Esas vueltas fueron también una desmentida. Del autódromo José Carlos Pace la mayoría se fue decepcionada, dolida, apenada, desilusionada y, unos pocos, felices. Aburrido, ninguno.
El británico Lewis Hamilton (McLaren-Mercedes) se ha convertido en el campeón del mundo mas joven en la historia de la Fórmula Uno, con 23 años, nueves meses y 27 días, arrebatando este privilegio a su compañero de equipo Fernando Alonso que hace dos años lo estableció, también en Brasil, con 24 años, 1 mes y 27 días.
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